Los Juegos Centroamericanos-2026, tres medallas de oro con cinta tricolor azul, blanco y rojo
Medallas de oro con cinta en los colores de la bandera dominicana.
Alejandro GÓMEZ, LLM, abogado y docente de derecho, fundador de ABOGADIUM
Alejandro GÓMEZ, LLM[1] — Abogado · Docente de Derecho · ABOGADIUM | DGS Despacho Gómez et Societas, S.R.L.

Los Juegos Centroamericanos-2026

Los juegos Centroamericanos-2026 celebrados en Santo Domingo cerraron con México en la cima del medallero: 167 oros, 407 medallas en total, la mejor cosecha de su historia en Juegos Centroamericanos y del Caribe. Nadie discute ese primer lugar. Pero el medallero, tal como se publica, responde a una sola pregunta —¿quién ganó más medallas?— y deja sin respuesta otra igual de legítima: ¿quién hizo más con lo que tenía?

Para responder eso hace falta otra unidad de medida. No cuántas medallas ganó un país, sino cuántas medallas ganó por cada atleta que envió. Ahí el mapa cambia.

La foto simple

País Oro Total Atletas Puesto medallero
México 167 407 691
Colombia 91 266 468
Cuba 51 155 497
Venezuela 49 216 543
Rep. Dominicana 46 150 702
Puerto Rico 34 124 435

(Conteo de atletas: registro oficial final de la plataforma de resultados de Santo Domingo 2026, no los anuncios de prensa previos a la inauguración — que en varios casos difieren de la cifra final en decenas de atletas.)

La foto ajustada: medallas por cada 100 atletas

País Medallas por cada 100 atletas
México 58.9
Colombia 56.8
Venezuela 39.8
Aruba 37.9
Cuba 31.2
Puerto Rico 28.5
Rep. Dominicana 21.4

México conserva el primer puesto también aquí, y por margen amplio: no es solo la delegación más grande, es la más productiva por cabeza. Colombia lo sigue de cerca. Pero República Dominicana, quinta por oros y sexta por total de medallas, cae al último lugar de este grupo en productividad por atleta — por debajo de México, Colombia, Venezuela, Cuba, Puerto Rico y Aruba.

Ese dato, leído solo, invitaría a una lectura de bajo rendimiento. No es tan simple.

Gráfico de barras horizontales que muestra las medallas obtenidas por cada 100 atletas enviados, por país, en Santo Domingo 2026, con México a la cabeza y República Dominicana en último lugar
Productividad por atleta en Santo Domingo 2026: medallas obtenidas por cada 100 atletas enviados, por delegación.

 

El caso Aruba, con matiz

Aruba llama la atención: con solo 29 atletas obtuvo 11 medallas, dos de ellas de oro — 37.9 medallas por cada 100 atletas, una tasa que rivaliza con las potencias tradicionales de la región. Es tentador proclamarla la delegación más eficiente de los Juegos.

No hay que hacerlo automáticamente. Una delegación de 29 personas puede concentrar una proporción alta de sus atletas en pocas pruebas donde hay múltiples podios disponibles (relevos, dobles, categorías por peso), lo que infla la tasa de conversión sin que eso implique necesariamente una superioridad deportiva generalizada. El tamaño de la muestra importa: no es lo mismo un país que reparte 700 atletas en 57 disciplinas que uno que concentra 29 en un puñado de especialidades favorables. La estadística es real; la interpretación de «eficiencia» exige cautela.

El factor sede

Hay un segundo matiz, y este sí pesa directamente sobre la lectura del desempeño dominicano. Ser anfitrión no es neutral en la composición de una delegación: el país sede recibe clasificaciones directas en múltiples disciplinas, lo que puede aumentar sustancialmente el tamaño de su delegación sin que eso refleje necesariamente una expansión proporcional del talento competitivo de punta.

El ejemplo es concreto. En septiembre de 2025, José Mera, presidente de la Federación Dominicana de Tiro al Plato, confirmó que, como anfitrión de Santo Domingo 2026, República Dominicana tenía garantizada una plaza individual en cada modalidad y cada rama de esa disciplina — plazas que, en un país no anfitrión, habría tenido que ganar en un clasificatorio regional. Ese mecanismo no es exclusivo del tiro al plato; es una práctica común en juegos multideportivos regionales para garantizar la participación amplia del país organizador.

La consecuencia estadística es directa: cuantas más plazas automáticas recibe una delegación, más crece el denominador (atletas) sin que necesariamente crezca al mismo ritmo el numerador (medallas), lo que reduce artificialmente la tasa simple de medallas por atleta. Con 702 atletas —la delegación más grande jamás llevada por el país a unos Juegos, según su propio Comité Olímpico— la baja posición dominicana en el ranking de eficiencia dice tanto sobre la mecánica de ser sede como sobre el rendimiento deportivo puro.

Esto no invalida la métrica; la contextualiza. La productividad por atleta sigue siendo una pregunta legítima. Lo que exige es no comparar sedes con no-sedes como si partieran del mismo punto.

Gráfico de barras horizontales de medallas por millón de habitantes por país en Santo Domingo 2026, con Aruba y Bermudas muy por encima del resto y Rep. Dominicana en posición intermedia
Medallas por millón de habitantes en Santo Domingo 2026, por delegación.

 

El otro medallero: quién paga por el oro

Detrás de cada medalla hay, en la mayoría de los países de la región, un compromiso económico — pero no el mismo compromiso, ni con la misma naturaleza jurídica.

República Dominicana tiene la fórmula más directa, y más cuantificada públicamente: el Ministerio de Deportes (Miderec) fijó RD$300,000 por oro individual, RD$150,000 por plata y RD$100,000 por bronce, por instrucción presidencial. Al cierre casi total de los Juegos, el Estado ya había comprometido más de RD$81.5 millones. Es una obligación presupuestaria formal y cuantificada, con una regla de contención: si un atleta gana más de una medalla, solo cobra la de mayor valor.

Detrás de esa cifra agregada hay historias individuales que la humanizan. Una de ellas es la del Maestro Internacional Josué Araujo Sánchez, quien le dio a República Dominicana el oro en ajedrez rápido —terminó invicto, con 14.5 de 15 puntos posibles, incluyendo una victoria sobre el gran maestro mexicano Gilberto Hernández Guerrero— en una disciplina que rara vez encabeza los titulares del medallero dominicano. Araujo practicaba baloncesto en Santo Domingo Este antes de encontrar su verdadero terreno en el tablero, e imparte clases de ajedrez en el municipio. El propio alcalde de Santo Domingo Este, Dío Astacio, lo destacó en una charla ofrecida el miércoles 12 de agosto ante la Sociedad Acción Multiempresarial (SAM), donde —tras una exposición centrada en la visión de ciudad, la inversión inmobiliaria, la recuperación de espacios públicos y la identidad urbana del municipio— respondió en la sesión de preguntas y respuestas sobre el respaldo del ayuntamiento al ajedrecista y su vínculo con la comunidad. Es un recordatorio de que, detrás de cada renglón del medallero y de cada desembolso del Miderec, hay un municipio, una historia personal y, en no pocos casos, una segunda disciplina deportiva que el atleta tuvo que abandonar para llegar al podio.

Puerto Rico premia también en efectivo, pero por una vía distinta: no es el Estado (ELA) quien paga, sino el Comité Olímpico de Puerto Rico (Copur), una entidad autónoma — US$2,000 oro, US$1,000 plata, US$500 bronce. Existe la Ley 5-2022, que asigna una partida general de US$8 millones anuales al comité y sus federaciones, pero no una obligación legal exigible por medalla individual como en el modelo dominicano.

Colombia no paga una suma única por medalla en absoluto. El oro en estos Juegos ubica al atleta en la categoría «Ascenso» del programa Atleta Excelencia del Ministerio del Deporte, que otorga un estímulo mensual —no un pago único— de 3 salarios mínimos legales mensuales vigentes, sujeto a la permanencia del atleta en el programa y a la disponibilidad presupuestal. La plata y el bronce en Centroamericanos, salvo excepciones, no dan acceso automático a ninguna categoría del programa. Es una beca condicionada, no un premio.

Guatemala tiene una base legal similar a la dominicana —el Decreto 76-97, Ley Nacional del Deporte—, con el Comité Olímpico Guatemalteco y la Confederación Deportiva Autónoma dividiendo el costo del incentivo a partes iguales. Los montos confirmados corresponden a ciclo olímpico; no hay una tabla pública específica y confirmada para Centroamericanos 2026, lo que en sí mismo es un dato: sugiere una escala menor para este nivel de competencia, sin comunicación tan agresiva como la dominicana.

México, este año, redujo el criterio frente a la edición anterior: en San Salvador 2023 la Presidencia entregó 75,000 pesos a todos los integrantes de la delegación solo por asistir; para Santo Domingo 2026, la Conade tardó en confirmar y limitó el beneficio a quienes ganaran medalla — 50,000 pesos por oro individual, 30,000 por plata, 15,000 por bronce. Varios atletas de alto perfil expresaron públicamente su incertidumbre antes de que se confirmara el esquema.

Cuba no tiene, en sentido estricto, un «premio por medalla» comparable al resto de la región. Sus atletas son formalmente «atletas de Estado» del Inder, con salario, no con bono por resultado. Una resolución salarial reciente mantiene una escala diferenciada para medallistas centroamericanos, pero integrada al sistema de remuneración, no como pago público único. El contraste histórico es revelador: los reconocimientos a las llamadas «glorias deportivas» cubanas pasaron de automóviles, en años de mayor holgura, a sistemas de paneles solares desde este año — un cambio que las propias autoridades cubanas atribuyeron a la crisis energética del país.

De Venezuela, Panamá, Trinidad y Tobago, Costa Rica y El Salvador no se encontró un esquema público y confirmado de incentivo en efectivo específico para esta edición — lo cual, en una región donde varios países sí comunican sus tabuladores con detalle, es en sí mismo un dato sobre cómo cada Estado decide (o no) institucionalizar el pago por resultado deportivo.

La pregunta que queda

Ninguna de estas dos lecturas —el medallero absoluto y el medallero por eficiencia— es la «correcta» en exclusión de la otra. Miden cosas distintas: poder deportivo total, uno; productividad relativa al tamaño de la delegación, el otro. Y ambas, a su vez, dependen de un tercer factor que rara vez se discute públicamente: cuánto —y cómo— invierte cada Estado en convertir ese esfuerzo en resultado, y qué compromiso legal, si alguno, respalda esa inversión.

México ganó el medallero. También ganó la eficiencia entre las potencias grandes. Eso no deja mucho margen de discusión. Pero la posición dominicana en la tabla de eficiencia, sin el contexto del factor sede, cuenta una historia incompleta — y la comparación de incentivos muestra que «premiar a un medallista» significa cosas jurídicamente distintas según el país donde se gane esa medalla.

  1. El autor es abogado, docente de varias asignaturas de derecho, máster en derecho administrativo y laboral, máster en derecho civil, máster en responsabilidad civil (cursando), director de ABOGADIUM | DGS Despacho Gómez et Societas, miembro fundador del Consejo de Desarrollo Empresarial y Económico de Santo Domingo Este – CODEESTE, miembro – speaker de Sociedad Acción Multiempresarial (SAM), discente a tiempo completo, padre de Skarlet, Alejandro y Axel

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